¡Qué risa de huesos!

¡Qué risa de huesos!

Kalandraka reedita un clásico de 1980 perfecto para celebrar Halloween. Se trata de ¡Qué risa de huesos!, escrito por Allan Ahlberg e ilustrado por su mujer, Janet Ahlberg. Este matrimonio de autores británicos cuenta con una extensa producción a sus espaldas, con más de 150 títulos publicados. Una exitosa trayectoria conjunta que se prolongó hasta el fallecimiento de Janet en 1994 y que se extendió a otros vínculos familiares, ya que su hija Jessica Alhberg ilustró parte de sus obras.

SINOPSIS

Los esqueletos de un hombre, un niño y un perro deciden salir una noche del oscuro sótano en el que viven para divertirse asustando a los humanos. ¡Qué risa de huesos! es la historia de sus peripecias en esa noche tan singular en la que, pese a no cruzarse con humanos, consiguen su objetivo: pasárselo muy, muy bien.

SOBRE LA HISTORIA

¡Qué risa de huesos! es un relato en clave de humor, que nos muestra en primer lugar que sus protagonistas, pese a ser esqueletos, se comportan y sienten como los humanos (y los animales). En ese sentido, son simpáticos, divertidos y alegres, una imagen que dista del concepto que podríamos tener de antemano de ellos. Y como sus pautas de comportamiento son muy humanas, también lo son las formas que encuentran para entretenerse, jugando al escondite y a darse divertidos sustos.

Pero claro, aunque se comporten como humanos, en el fondo no lo son. Y eso supone que tienen problemas particulares. ¿Sabíais que un esqueleto puede desmontarse en huesos sueltos si recibe un golpe lo suficientemente fuerte? Pues sí. Eso es precisamente lo que le pasa al esqueleto del perro, y lo que abre una de las secuencias más divertidas del libro: los estrambóticos esfuerzos del hombre y el niño para recomponer el esqueleto del animal, que dan como resultado extrañas composiciones.

El relato cuenta con una pauta de inicio y final que nos presenta el lugar donde viven los esqueletos, empelando para ello una escala descendente que emplea una combinación de figuras retóricas de repetición como el paralelismo y la reduplicación. De esta forma, descubrimos que la casa de los protagonistas está en un “oscuro, oscuro sótano“, bajo la “oscura, oscura escalera” de una “oscura, oscura casa“, que a su vez está en una “oscura, oscura calle” de una “oscura, oscura ciudad” que está sobre una “oscura, oscura colina“. Véase el empleo deliberadamente excesivo de la palabra “oscuro”, como forma de representar un lenguaje que evoque un tenebrismo que luego no tiene su correlación en los hechos narrados ni en la actitud de sus protagonistas.

ILUSTRACIONES

Las ilustraciones de Janet Alhberg nos muestran unos esqueletos con una presencia prácticamente corpórea, en los que se simplifica la estructura ósea: un tórax con costillas prácticamente unidas, parejas de cúbitos/radios y tibias/peronés unidas, calaveras con mínimas cavidades oculares. La deliberada simplificación de rasgos acentúa la humanidad de los personajes que destila la historia y conecta muy bien con los gustos de los más pequeños. Este elemento también nos puede servir como introducción a una lección de anatomía en la que nuestros hijos e hijas encuentran esas diferencias entre los esqueletos representados y sus propios cuerpos.

Las ilustraciones funcionan como un conjunto que respira de la esencia del cómic, simplificando en pequeños bocadillos las conversaciones de los protagonistas y reforzando el ritmo progresivo de la narración. Destaca el empleo de una gama de colores amplia y variada, con tonos anaranjados, verdosos, morados y azules, que a priori choca con el hecho de una historia que transcurre durante la noche de una “oscura, oscura ciudad“. En ese sentido, las ilustraciones son un elemento de contraste que refuerza el divertido carácter de la historia. La paleta es, de hecho, mucho más vivo que el empleado en otras obras ilustradas por Ahlberg, como The Jolly Postman, Peepo! o The Baby Catalogue, Each Peach Pear Plum o The Jolly Christmas Postman. Cabe destacar que con estos dos últimos, Ahlberg fue reconocida con sendas medallas Greenaway.

FORMATO

¡Qué risa de huesos! se presenta en una edición con traducción al castellano de Miguel Á. Diéguez, en un volumen encuadernado en cartoné con unas dimensiones de 20,5 x 26,5 cm. y un total de 32 páginas. En esta reedición de 2018, que actualiza la portada y los elementos tipográficos a tiempos más actuales. Además de en castellano, también ha sido publicado en castellano y en gallego.

Se trata de una historia adecuada para niños a partir de 4 ó 5 años, muy interesante para primeros lectores dispuestos a perderle el miedo a los esqueletos y a divertirse con sus alocadas peripecias.

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